El fuego que me quema

Hay un fuego que me quema cuando te pienso
algo en mí que no entiende de prudencias,
que nace despacio, muy abajo,
y va subiendo por mi cuerpo
hasta dejarme la razón temblando en la frontera.

No sé qué parte de mí te llama primero,
si la piel que aún recuerda lo que nunca ha tocado,
la boca que imagina el sabor de tu boca,
o este deseo terco que repite tu nombre
como quien dice a oscuras una palabra prohibida.

Porque te deseo así,
sin la inocencia de los amores que comienzan,
con la certeza peligrosa de quien ya sabe
que algunas llamas no vienen a dar calor,
sino a incendiar aquello que creíamos a salvo.

Te deseo en la distancia y en la cercanía imposible,
en las horas en que el mundo se queda en silencio
y mi cuerpo parece acordarse de ti por su cuenta.

Entonces apareces sin estar,
rozándome apenas con la imaginación,
y basta ese instante para que todo arda.

Arde mi boca por besarte,
arden mis manos por reconocerte,
arde esa parte secreta donde guardo
las cosas que jamás diría en voz alta
si no fuera porque contigo
hasta el pudor aprende a desnudarse.

Y quizá lo más terrible
sea que no quiero apagar este incendio.
Podría cerrar los ojos,
poner distancia, imponer cordura,
convencerme de que hay fuegos
que una mujer sensata debería evitar.

Pero llegas tú,
aunque no llegues,
y vuelves inútiles todas mis defensas.

Entonces comprendo que el deseo
no siempre pide permiso para existir,
que a veces simplemente nace,
se instala entre dos cuerpos
y espera.

Espera una mirada demasiado larga,
una palabra dicha más despacio,
ese segundo exacto en que la respiración cambia
y ambos sabemos, aunque nadie lo diga,
que algo está a punto de romperse.

No sé qué haría si estuvieras frente a mí.
Quizá nada.
Quizá acercaría mi boca a la tuya
con la lentitud de quien teme despertar de un sueño,
y dejaría que fueras tú quien cruzara
el último centímetro de distancia.

Después ya no habría palabras.
Solo este fuego.
El mismo que ahora me quema
mientras te pienso,
mientras te deseo,
mientras intento inútilmente convencer a mi cuerpo
de que estás lejos.

Porque hay distancias que separan dos lugares,
pero existen otras que el deseo
sencillamente se niega a reconocer.

Y tú estás ahí,
en el lugar exacto donde comienza mi incendio.

©2026 Luna de Urantia

Sobre El fuego que me quema

El fuego que me quema es un poema sobre el deseo, la distancia y esa atracción que continúa creciendo incluso cuando la razón intenta poner límites. Habla de la pasión contenida, de aquello que imaginamos antes de vivirlo y de ese instante en el que la prudencia deja de ser suficiente para apagar lo que sentimos.

A veces deseamos algo y, sin embargo, permanecemos inmóviles esperando el momento adecuado, una certeza o una señal que nos permita avanzar sin miedo. Pero no siempre existe ese momento perfecto. Sobre esa espera y sobre las decisiones que aplazamos habla también El hombre que esperaba el barco perfecto , un relato sobre las oportunidades que dejamos pasar mientras seguimos esperando estar completamente seguros.



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